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Quienes eran las víctimas del incendio en Barracas

Anahí Garnica siguió la vocación de su padre y se convirtió en la primera mujer bombero de en la historia de la Policía Federal. Tenía 29 años y estaba casada con un bombero que también integra las filas de la fuerza federal de seguridad.

Tenía el grado de subinspector, había egresado de la escuela secundaria con el título de Maestra Mayor de Obras y se había inscripto en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) para estudiar Ingeniería Civil, pero en 2003, la Policía Federal abrió las puertas a las mujeres a modo de prueba para la Superintendencia Federal de Bomberos.

«No estaban seguros de que hubiera mujeres, pero querían probar», explicó Garnica en la entrevista. En 2006, la destinaron al Cuartel I.

«No había ni habitación ni baño para el personal femenino. Me designaron a la «habitación de alarma»», dijo la joven.

El padre de Anahí, Raúl Garnica, afirmó al diario La Nación: «Mi hija era una apasionada y siempre fue muy profesional. Ésta es una pérdida muy dolorosa. Anahí era una hija extraordinaria. Como padre sólo puedo desear que haya sido muy feliz mientras estuvo con nosotros».

La subinspectora Garnica había hecho un curso de «un plan de acción coordinada ante situaciones de emergencia» y tenía conocimientos básicos de explosivos. Además estudiaba Arquitectura.

Eduardo Conesa tenía 47 años, estaba casado y era padre de tres hijos. Vivía en Lanús y prestaba servicio en el Cuartel I de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, con el rango de cabo primero.Cuando terminaba su servicio en la fuerza hasta en su tiempo libre integraba el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Lanús Oeste, donde dos de sus hijos ya colaboraban. Uno de ellos, ayer, cuando se conoció lo que ocurría en el depósito de Barracas, escribió en perfil de la red social Facebok: «Pa necesito verte, saber si estás bien y abrazarte ! Me siento triste».

Leonardo Day tenía 55 años y llevaba 34 años y siete meses en la Policía Federal y falleció con el rango de comisario inspector. Desde el 5 de enero del año pasado era el jefe del Departamento Zona I de la Superintendencia Federal de Bomberos de la fuerza.

«Era un héroe que se preocupaba por absolutamente todos», dijo ayer al canal de noticias C5N la agente Mariana Fernández, que trabajó con él. La mujer policía agregó que no era común que un jefe ingrese «en el seno» de un incendio a trabajar a la par de los bomberos.

Day recibió varias distinciones y premios, como el «diploma al mérito por su destacada actividad profesional» en 2007 y en 2012 y seis beneplácitos por su labor profesional.

Además recibió recomendaciones para todos los ascensos por parte de sus superiores por su desempeño.

En marzo de 1982, cuando aún estaba en la escuela de oficiales fue «designado Sargento cadete Ad Honorem por su buen comportamiento y calificaciones»,

Damián Veliz tenía 33 años y era padre de una nena de nueve. Vivía en Avellaneda y era un fanático hincha de Arsenal de Sarandí. Hace cinco años se había comprado un terreno en La Falda, en Córdoba, donde hace sólo dos meses había comenzado construir una casa de barro. Su sueño era irse para estar cerca de su hermano. Era cabo primero de la Policía Federal, fuerza federal donde se desempeñaba su padre.

José Méndez de 30 años estaba separado y era padre de una niña. Vivía en Villa Dominico y en agosto del año pasado había ingresado a trabajar en Defensa Civil del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sus compañeros de trabajo sostuvieron que era un enamorado de su vocación. En la red social Facebook había subido una foto con su madre y luego escribió un emotivo mensaje: «Sos el ángel que me cuida desde arriba».

Maxi Martínez con 33 años, trabajaba para el Cuartel I de Bomberos de la Policía Federal en Florencio Varela. Había empezado su carrera como bombero en 2007. «Qué lindo fue conocerte, haber tenido el honor de ser tu compañero, de tantos momentos vividos, de reír, de llorar, de crecer juntos, compartiendo esta pasión, este estilo de vida. Estarás en cada recuerdo, en nuestro corazón y en esa sirena que se escuche», escribieron en Facebook sus compañeros.

Pedro Barícola tenía 37 años y estaba en pareja desde hace 14 años. Era padre de una nena cuatro. Trabajaba en Defensa Civil del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Vivía en Tortuguitas, era fanático de Boca Juniors y de la pesca. Sus compañeros y amigos lo recuerdan por sus graciosos chistes. «Era el alma de la guardia», recordaron sus compañeros de trabajo. Con su hija rescataba perros de la calle.

Sebastián Campos tenía 32 años y era padre de una niña de un año y medio. Era mecánico y bombero voluntario en el Cuartel Vuelta de Rocha. Era chofer motorista. Sus compañeros, aún conmovidos por lo que había pasado, lo recordaron como un «fanático de los fierros». Su padre, «Cacho», y su hermano, Lucas, también son bomberos voluntarios. «Pasó casi toda su vida dentro del cuartel y coordinó equipos de trabajo», dijo su compañero Alan Aramayo.

Juan Matías Monticelli tenía 26 años. Hace tres años había ingresado en la Escuela de Suboficiales y Agentes Enrique O’Gorman de la Policía Federal. Prestaba servicios en el Cuartel I desde julio de 2012. Estaba de novio y vivía en Parque de los Patricios. Lo llamaban por el apodo de «Monty». Le gustaba cocinar panqueques y escuchar las canciones de Ozzy Osbourne.

fuente infonews.com

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