Ellos están ahí, esperando el llamado para salvar vidas sin pensar incluso en las propias. Saben que el tiempo en contra es la diferencia entre la vida y la muerte, y a pesar de ello dan un paso al frente para poner a la gente a salvo.
Decenas de historias a través de estos 84 años han forjado al Cuerpo de Bomberos de Mazatlán, hombres y mujeres que han aprendido a convivir con las llamas, la tragedia y la nostalgia.
Ahora, con la construcción de edificios de más de 20 niveles, han debido adaptarse a una forma nueva de atacar los incendios: las alturas.
Para ello ha sido necesaria la capacitación constante y adquirir equipo especializado para ese campo de “batalla”.
En este escenario, una profesión que se consideraba sólo para hombres, ha dejado en claro que las mujeres también saben dominar y controlar el fuego.
En Mazatlán tuvieron que pasar 50 años desde la fundación del Cuerpo Voluntario de Bomberos, en 1942, para que se creara el Departamento Femenino, un paso que marcaría un antes y un después en la historia de esta corporación de auxilio y que abriría la puerta a mujeres como Lourdes Patricia Martínez, quien no solo se convirtió en una de las primeras en ejercer, sino en el origen de un legado familiar que hoy suma tres generaciones.
La historia
En 1992, en los años en los que el capitán Cándido Robles impulsó la creación del Departamento Femenino, Lourdes Patricia decidió integrarse a una corporación que, en ese entonces, no estaba pensada para mujeres en labores operativas.
Llegó ya siendo adulta, de 30 años y con dos hijos, con una motivación que venía desde casa, pero también con la decisión firme de abrirse camino en un espacio dominado por hombres.
“La motivación viene como un legado de familia, por parte de mi mamá, pero yo ya empecé grande, por así decirlo, y yo recuerdo muy bien que decía mi mamá ‘ay, qué bueno que no me salió un ‘loco’, altruista y pues salí yo’”, contó.
Su ingreso fue primero como brigadista, aquel grupo estaba conformado por cuatro mujeres que apoyaban, pero no entraban directamente a las emergencias de incendios, Lourdes fue quien decidió dar ese paso.
“Había cuatro compañeras, pero no eran operativas, creo que fui la primera, fui la primera aspirante, pasamos por varios procesos, ya después nos designan bomberos, fui Cabo y llegué hasta el grado de Sargento”, narró.
Durante su trayectoria, Lourdes vivió los años más complicados de la corporación, cuando el equipo era escaso, viejo o donado por otras corporaciones, y muchas veces no estaba en condiciones óptimas, aun así, el trabajo se hacía.
“Yo recuerdo que no teníamos equipo, las ciudades hermanas nos regalaban equipo usado, todo contaminado, las máquinas no servían, las pipas, había carencias y ahora los cuarteles una chulada”, dijo.
Aunque se retiró hace aproximadamente seis años, Lourdes sigue sintiéndose bombera. Habla del uniforme con orgullo y aunque reconoce que el cuerpo ya no responde igual, la vocación sigue intacta.
“Yo sigo portando el uniforme, es muy bonita la profesión, el que lo trae, que lo sienta. A mí me gustaría andar arriba de las máquinas, pero no, ya cuando no me duelen las rodillas me duele otra cosa”, confesó.
Lourdes defiende la idea de que el trabajo de bombero no tiene que ver con si se es hombre o mujer, sino con la preparación, la disciplina y la capacidad para hacerlo.
Considera que las mujeres pueden desempeñar esta labor igual que cualquier hombre, siempre y cuando cuenten con la condición física, mental y el compromiso que exige una profesión de alto riesgo como ésta.
“Ser bombero no es que sea un trabajo para hombre, sino que tenemos que tener la capacidad, ser aptos en condiciones físicas y mentales”.
Siguiendo sus pasos
Ese ejemplo constante fue el que marcó a su hijo, Humberto Muñoz Martínez, hoy licenciado en Atención Prehospitalaria, aunque no tiene muy presente a su madre con el traje para incendios, pero sí la imagen de verla llegar a casa con su camisa azul.
Dice que cuando tenía entre ocho y nueve años ya pasaba gran parte del tiempo entre los camiones de bomberos, creciendo prácticamente dentro de las estaciones.
Ingresó muy joven, siendo menor de edad, con el permiso de su mamá y bajo la supervisión del mismo comandante que impulsó el Departamento Femenino años atrás. Con el tiempo, combinó su labor como bombero y paramédico, y llegó a compartir servicios con su propia madre.
“Entré prácticamente con un permiso autorizado de mi mamá porque era menor de edad, tenía como 14, 15 años, decía el comandante Cándido Robles, éste está bueno para jalar manguera, tráiganselo”, relató.
Además de su trayectoria como bombero voluntario, también es paramédico y cuenta con 27 años de servicio activo, gran parte de ellos desempeñándose de manera simultánea en Bomberos y en la Cruz Roja, donde participó durante varios años en la atención de emergencias prehospitalarias, combinando ambas vocaciones sin recibir remuneración y manteniéndose siempre al servicio de la comunidad.
“De mi mamá aprendí que nunca hay que quedarnos en una zona de confort…”, mencionó.
Humberto reconoció que lo más difícil que le ha tocado vivir ha sido en el ámbito prehospitalario.
Relató que en su trayectoria tuvo que atender a dos primos en situaciones muy duras, donde perdieron la vida.
“Hay un famoso dicho que dice que ‘una vez bombero, siempre bombero’…”, manifestó.
Tercera generación
El legado continuó con la tercera generación. Miguel Ángel Aguilar Muñoz, nieto de Lourdes, tiene 30 años y hoy es una de las actividades que más disfruta en su vida diaria.
Le gusta portar el equipo, usar el uniforme y subirse a los camiones de emergencia. Además, es muy participativo en actividades del Cuerpo de Bomberos, donde colabora en la realización de videos y spots de campañas de concientización.
Ingresó al departamento hace dos años, suma 11 años de servicio en emergencias como técnico en la Cruz Roja.
Miguel Ángel admitió que seguir el legado familiar no es algo ligero y que el apellido tiene un peso dentro del Cuerpo de Bomberos.
“Representa bastante, tiene un peso encima…”, explicó.
“Desde que tengo memoria he visitado una estación de bomberos…”, reveló.
Más allá de rangos, años de servicio o reconocimientos, el legado de Lourdes está en la vocación que sembró en su familia.
Fuente y foto: oem.com.mx






