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Dos bomberos acaban en el hospital tras rescatar a una vaca

Dos bomberos acaban en el hospital tras rescatar a una vaca

Una llamada de emergencia entra en el parque de bomberos de Castro. Al otro lado del teléfono, un ganadero solicita ayuda porque uno de sus animales, una novilla, ha caído a una grieta natural de tres metros y medio de profundidad en el barrio de Las Mieres, en El Haya. «Pesa 500 kilos», dice el propietario.

En ese momento los tres únicos bomberos que trabajan en el parque se ponen manos a la obra: «Diseñamos el rescate y cogimos todos los medios de fortuna (herramientas no específicas para la tarea) posibles», explica el cabo del Servicio de Bomberos de Castro Urdiales, Fernando Parra.

Una vez en el lugar, el ganadero y su hijo les explicaron el infortunio que había sufrido el animal, que «cayó a una grieta estrecha y terminada en cuña de la finca y no podía salir por sus propios medios». Uno de los bomberos, al descender por el hueco, creyó que el animal -que emitía gemidos «extraños»- estaba muy grave y agonizando, pero «el problema era que se había ido moviendo y sus pulmones habían quedado aprisionados. No podía respirar», explica Parra.

Así que a contrarreloj idearon el complejo rescate con los escasos medios de los que disponían. «La verdad es que lo veíamos muy complicado. Teníamos que localizar un punto de apoyo alto encima de la grieta para poder tirar del animal». Primer problema: el parque de Bomberos de Castro no tiene autoescala. Ya está adjudicada, pero hasta diciembre no llegará. Así que con la polea de grandes dimensiones, las eslingas y las cinchas que habían llevado del parque y el tractor del propio ganadero comenzaron a izar a la novilla extremando la precaución para que el animal no aplastara al bombero que había descendido a la fisura. «Agarramos a la vaca de las extremidades y cada vez que la levantábamos un poco apuntalábamos para dejarla descansar y para que no volviera a bajar. Así hasta ponerla estirada en línea vertical -porque reduce su tamaño- y poder tirar de ella».

Cuatro horas después y dos bomberos de baja

Fue un trabajo de ingeniería improvisado que acabó saliendo bien. Cuando el animal quedó posado sobre la hierba, ya arriba, «comenzó a animarse, aunque aún no se podía mover porque estaba agotado», cuenta el cabo. Por instrucciones del ganadero, se colocó a la novilla de lado y con el cuello recto: «Sorprendentemente mañana se podrá poner de pie de nuevo. Es increíble que no tenga fracturas. A ver qué nos dice el veterinario», apuntó el ganadero.

Habían pasado cuatro horas desde que los bomberos llegaron a Ontón. Estaban agotados por el esfuerzo físico, pero nada de eso les importó cuando vieron que la novilla recobró el aliento. «En un par de días tenemos pensado ir a ver qué tal está. Hemos estado cuatro horas con ella y nos quedó la cosa de cómo seguirá, aunque nos fuimos muy contentos por el rescate realizado. Cuando las cosas salen mal no piensas en que hay pocos recursos, solo te frustras porque no lo has conseguido, pero en este caso no fue así».

Pero cuando el ‘subidón’ por el rescate se fue rebajando llegaron las secuelas. Dos de los tres bomberos tuvieron que acudir al Hospital, uno porque el animal le aplastó un dedo durante las maniobras de izado y el otro porque sufrió una patada en la cabeza al manipular a la novilla. «Tiene el ojo hinchado y dos puntos», explica Parra.

Y entonces el teléfono del parque de bomberos volvió a sonar. «Era el equipo de gobierno interesándose por el rescate. Nunca en todo el tiempo que llevo aquí habíamos recibido una llamada de ese tipo. Es de agradecer, la verdad».

Fuente: www.elcorreo.com

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