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Bombero puso cámaras en el vestuario de sus compañeras

En el cuerpo de bomberos de Barcelona trabajan 550 bomberos de los cuales sólo seis son mujeres. De ellas, cuatro están asignadas en el parque de Sant Andreu. Aquel 26 de septiembre del 2015, dos estaban de servicio. Eran las 20.45 horas, empezaba a anochecer y los bomberos que suelen compartir turnos de 24 horas se preparaban para cenar. Una de ellas entró en su vestuario para coger un libro de una taquilla elevada.

Para ayudarse a subir tuvo que mover un banco cuando de pronto oyó un pequeño tintineo, como de algún objeto que acababa de caer. Era un lápiz de memoria. Su primer instinto le llevó a pensar que debía ser de su compañera de taquilla. Sin embargo, aquel hallazgo tan poco habitual desató la curiosidad de las bomberas. “Va, ¿a ver qué hay?”, decía una. “¿Qué habrá dentro?”, se preguntaba otra. Ese fue el tema de conversación durante la cena, también entre sus compañeros hombres, entre los cuales estaba el autor de los hechos que prefirió guardar silencio, aunque ellas todavía no sabían que era él. Todo el mundo quería saber qué secreto escondía aquel USB. La incógnita se despejó de un plumazo cuando una de ellas se llevó el lápiz de memoria a una sala apartada. Al abrir el archivo aparecía ella desnuda junto a sus compañeras aseándose en el vestuario femenino. Las habían grabado.

Las víctimas, por su parte, reclaman no volver a trabajar nunca con el mirón. No quieren encontrárselo en la centralita, ni cruzar palabra por radio, ni que vaya a trabajar a otro parque de bomberos ante el riesgo de que pueda actuar de la misma manera con otras mujeres. “El trabajo de bombero se basa en la confianza en tu compañero porque afrontas situaciones límite. Cuando esto se rompe es muy difícil trabajar”, precisan. No tienen ningún interés en que vaya a la cárcel si cuando salga puede volver a trabajar con ellas.

Fuente: www.lavanguardia.com

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