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Todavía Falta Mejorar en Prevención de Incendios

Los requisitos de las reglamentaciones y normas deben entenderse como requisitos mínimos que permiten obtener un nivel de garantía respecto de la salvaguarda de las personas y de los activos de una empresa. De aquí surgen dos aspectos importantes: si hacemos menos de lo que piden las normas, no logramos esa garantía y, en segundo lugar, nada impide que hagamos más y estemos protegidos por sobre ese mínimo normativo.

Hace poco, al asistir a una reunión sobre los aspectos exigidos a nivel nacional con respecto a la Lucha y Control del Fuego, se generó la discusión sobre el “estado de la industria”. Mientras que mucha gente trabaja con diligencia mediante normativa nacional, en el mejor de los casos internacionales, ambos sistemas de normas creados por consenso para producir el mejor estándar de seguridad posible, los participantes de esta reunión consideraron que aún existen demasiadas instalaciones de detección y extinción de incendios que no cumplen con los requisitos, y que en otros casos ni siquiera cumplen con la reglamentación básica.

Muchos rápidamente criticaron al cuerpo de bomberos, fabricantes, empresarios. Cada uno hizo su aporte, exponiendo su teoría sobre el porqué aún convivimos con tan alto nivel de instalaciones mal efectuadas o inexistentes. Muchos culparon a las reglamentaciones por ser ambiguas y sin especificaciones claras. Algunos también responsabilizaron a los empresarios por no ofrecer presupuestos en seguridad.

Por supuesto, muchos culparon a las políticas económicas que no dan la posibilidad de rentabilidad a las inversiones. También fueron responsabilizadas las compañías de seguro por no dar la posibilidad de negociar la prima ante una inversión. Yo, en cambio me puse a pensar, ¿si aquellos que responsabilizaban a los directivos de empresas, inspectores del cuerpo de bomberos, políticas nacionales, etc. peticionaran en conjunto a quienes toman las decisiones en el ámbito de sus reclamos?.

Esto ofrecerá un respaldo a las entidades de bomberos para poder argumentar que un departamento de asesoramiento técnico, bien entrenado dentro de la comunidad salva vidas y ahorra dinero. Que ofrecerá al empresariado mas formas de reinvertir en el ámbito local. El sector asegurador suele tener alguna injerencia en el tema dependiendo de la compañía de seguros de la que se trate. Las compañías serias, buscan reducir los riesgos de incendio y constituyen en un apoyo muy importante para la aplicación de las normas. Otras compañías, por el contrario, sólo pretenden mantener al cliente. El resultado de éstas últimas es que el cliente cree estar correctamente protegido porque la aseguradora no le exige protección adicional y entre la palabra de la aseguradora con la que opera desde hace años y la de un consultor o inspector, se queda, erróneamente, con la primera.

En conclusión: la comunidad necesita que se cumplan las reglamentaciones y normas. Sí, esto implica un aumento del presupuesto, pero ese dinero será ciertamente bien utilizado. En jurisdicciones donde el Jefe del cuerpo de bomberos ha conseguido un respaldo económico, no puede mal gastar ese dinero en siniestros que podrían haber sido evitados si se cumplieran las medidas reglamentadas a tal efecto. En estas mismas ciudades, la cantidad y confiabilidad de las instalaciones contra incendio debería aumentar. Esto a la larga reduce la cantidad de siniestros y ahorra al cuerpo de bomberos y a la comunidad recursos valiosos.

Con sólo un poco de previsión, la necesidad de un enfoque en equipo se hace obvia. La única manera de que esto tenga éxito es que cada uno se comprometa a trabajar en forma conjunta para asegurar la confiabilidad de las instalaciones contra incendio y para proteger vidas y bienes.


Ofic.Ing. Eduardo Javier Granda
Especialista certificado CEPI, NFPA
Bomberos Voluntarios de Pilar (B)



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